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Este es un pequeño
clásico que viene de la mano del director
Irvin S. Yeaworth y el productor (y autor de la
historia) Jack H. Harris, los responsables del hit
La Mancha Voraz (1958).
Si bien The 4D Man nunca obtuvo la estatura
y popularidad de The Blob, no deja de ser
una película sólida, pequeña
pero sumamente original. Detalles menores del argumento
no terminan por deslucir la vívida imaginación
que yace tras muchas de sus ideas. La
primera conclusión a la que uno llega después
de ver El Hombre de la Cuarta Dimensión,
es que uno debe hacerse gay. Las mujeres
son criaturas del demonio, rastreras y traicioneras.
Cuando uno ve el bizarro tríangulo que
pergueña el guión para usar como
setup dramático, no puede creer
que Lee Merriwether (la Gatúbela de la
serie Batman de 1966)
sea la heroína de turno. Ella es la harpía
que provoca toda la situación, la arruina
y la liquida - los americanos le dicen a esto
"hace su propia torta y se la come"
-. En todo caso, es un papel muy poco feliz y
hasta soberbio; comprometida con Robert Lansing,
se enamora al instante de ver a su hermano (y
al pobre Lansing le crecen antenas del tamaño
del Empire State en menos de cinco minutos);
y cuando Scott se desequilibra emocionalmente
y empieza a experimentar su poder de traspasar
objetos, la Merriwether frena en seco su carrera
criminal. Bueno, el personaje de James Congdon
(que hace de hermano de Lansing) también
es otro que tiene la misma entereza moral que
un queso y en pocos segundos se dedica a ponerle
las ornamentas a Robert, revolcándose con
su prometida (y eso que ya le había robado
una novia al pie del altar). Visto de esa manera,
a Robert Lansing le han defecado desde un puente
toda su vida.
Aún siendo políticamente
incorrecto y estando plagado de algunas situaciones
/ diálogos bizarros, el triángulo
amoroso no está tan terriblemente escrito
como uno podría suponer. No es que sea creíble
o que nos pongamos de parte de alguno de los personajes,
pero los parlamentos son bastante decentes - en
todo caso es un caso de coherencia de la meta de
Tony Nelson: él quería penetrar objetos...
y el objeto que se le interpuso en el camino
ahora es la novia de su hermano (!) -. Y aún
con todo ese setup, cuando estallan las revelaciones
tampoco disparan a un tipo desquiciado que empieza
a experimentar para vengarse. El personaje de Lansing
es, en todo caso, un nerd aburrido y cornudo
que vive en el laboratorio y que termina por descubrir
un poder que lo desinhibe para hacer lo que le plazca.
Los efectos especiales
están ok. El relato incluso toma otras
influencias - al estilo de los vampiros, cada
vez que Robert Lansing usa su poder envejece y
debe absorber energía de sus victimas para
mantenerse joven -, lo cual lo hace bastante sofisticado
para una serie B. Lo que empaña el relato
son las terribles explicaciones científicas
sobre la cuarta dimensión (sanata de
alto nivel), y la espantosa perfomance de
James Cogdon. Como Tony Scott, Cogdon carece de
carisma, es totalmente amoral y por momentos se
ve como un completo idiota. Qué le vió
Gatúbela a Cogdon, vaya uno a saber ....
El Hombre de la Cuarta Dimensión
es entretenida y sólida. La perfomance
de Robert Lansing es realmente muy buena - en
especial en la secuencia en que descubre su capacidad
de atravesar materiales... pero queda con la mano
incrustada en un lingote de metal, sin saber cómo
liberarla -, y el filme tiene un ritmo muy ágil.
Una de esas joyitas que uno descubre y que vale
la pena recomendar. |