| |
Julio Verne es el padre de la ciencia ficción. No es un género que
hubiera creado expresamente - la narrativa de Verne siempre se orienta hacia los
viajes exóticos y las aventuras -; pero cuando las vías tradicionales
de explorar el mundo se le terminaron, comenzó a experimentar, con viajes
por debajo de éste (al centro de la Tierra, bajo el mar) o por encima (con
naves voladoras o bien, yendo a la Luna). Quien terminaría por darle forma
al género sería su contemporáneo H.G. Wells.
Pero a ojos del público, Verne es sinónimo de ciencia ficción.
Y desde siempre su obra más popular ha sido 20.000 Leguas de Viaje Submarino,
publicada en 1870, y que había tenido dos adaptaciones muy libres en la
época del cine mudo - una proveniente del mítico George Meliés
- hasta la llegada de esta lujosa producción de la Disney de 1954.
Posteriormente habría nuevas y cada vez más bizarras versiones para
cine y TV, pero sin duda la versión de Disney sigue siendo el molde
de excelencia de cómo adaptar a Verne y no ha sido superada hasta el momento.
Tanto las obras de Verne, Mark Twain, Louisa May Alcott, y otros tantos autores
clásicos eran lo que antiguamente se conocía como literatura de
formación para niños y adolescentes (actualmente sustituída
por obras más pasatistas como las de Harry Potter, por ejemplo).
En ese sentido no es raro que Walt Disney haya puesto sus ojos en esta
obra, especialmente en los años 50 donde había comenzado a desarrollar
un estudio dedicado íntegramente a filmes con actores - que se había
iniciado cuatro años antes con la adaptación de La Isla del Tesoro
-, expandiendo a su prestigioso departamento de animación. La calidad
de los filmes familiares de la Disney se prolongaría hasta fines
de los 60, generando una buena cantidad de clásicos, antes de empezar a
caer en el disparate y lo bizarro de sus propias creaciones.
Pero lo que sí resulta extraño es el enfoque elegido para el
film. Es una película mucho más compleja de lo que inicialmente
aparenta. Sin duda está Kirk Douglas cantando, bailando y haciendo piruetas
con una foca; pero aparte de eso tiene muy poco para ofrecer para lo más
chicos. Como filme infantil es directamente aburrido; y para los adolescentes
hay algunas secuencias de acción, pero hay un notorio exceso de verborragia
que tampoco es demasiado excitante. En realidad es un filme bastante adulto, camuflado
de espectáculo para toda la familia. Mientras que la novela fascinaba a
chicos y adolescentes con su narrativa - la mayor parte de tiempo funcionaba como
una enciclopedia de la vida marina, explicada amenamente -, toda esa trama educativa
desaparece por completo en el film. Por momentos el viaje resulta demasiado abreviado
(uno se sorprende cuando Aronnax explica que ya han viajado 10.000 leguas... y
ha ocurrido muy poco en semejante transcurso); y si bien es cierto que semejante
trama en realidad daría mejor pie a una miniserie, lo cierto es que 20.000
Leguas de Viaje Submarino logra entretener porque apunta al otro punto esencial
de Verne, que es la aventura.
 |
Es una película realmente bien construída en tal sentido; hay
alguna exposición de los hechos, pero en menos de 10 minutos ya estamos
a bordo del USS Abraham Lincoln, peleando contra el monstruo. Y la llegada
de los náufragos al Nautilus es fascinante, con la visión
del entierro en alta mar. Sorprende que un filme de Disney muestre la muerte
como un tema esencial de la trama (en ésta y otras escenas posteriores).
Donde comienza a perder algo de efectividad la película es en el desarrollo
de los personajes. Aronnax es realmente un papel secundario aquí, cuando
en el libro tenía un protagonismo indiscutible. En el filme, los protagónicos
van a parar - por una cuestión de cartel - a James Mason como Nemo, y a
Kirk Douglas que transpira carisma como Ned Land. Pero Land, que en la novela
era un papel al margen - como el catalizador que detona los hechos y el escape
del Nautilus - roba demasiado tiempo de cámara, que debería haber
correspondido al enciclopedismo marino de Aronnax. Además Aronnax actuaba
como un par intelectual de Nemo, proveyéndole un grado de consciencia y
juicio que aquí resulta muy light (además de que la interpretación
de Paul Lukas es muy blanda).
Pero es precisamente en el caracter de Nemo en donde el libreto realiza un
perfil complejo, y por lo cual nos atrevimos a decir previamente que se trataba
de un filme adulto disfrazado de espectáculo familiar. En un principio
Nemo es mesiánico, un hombre destinado a cumplir una misión rodeado
de fieles seguidores; es una mente brillante, genial inventor adelantado a su
tiempo - en otro toque de clase, el filme muestra que el Nautilus posee
propulsión nuclear en plena era victoriana -; es un abnegado misántropo,
renegado de la sociedad y convencido de los viles propósitos militares
que posee la humanidad; pero también es un personaje idealista y trágico,
que fuera esclavizado en su momento por los hombres, y por cuya ambición
militarista - descubrir los inventos de Nemo - terminara por perder a esposa e
hijo a causa de la tortura. Es una nota sorprendentemente oscura para una cinta
Disney.
Es interesante ver como la historia muestra a Nemo como una personalidad de múltiples
caras, pero incapaz de redimirse. Hasta el final continúa con sus propósitos,
y semeja ser un persona absolutamente fría, carente de consciencia. Sólo
en una escena intermedia - cuando desata sus emociones en el órgano del
submarino mientras el Nautilus destroza a otro barco - parece tener un
espasmo de sentimientos humanos. Y si bien la película no explora en profundidad
en un personaje tan fascinante, lo poco que muestra está bien hecho. ¿Es
Nemo realmente un asesino o un hombre justo?. ¿O se trata simplemente de
otro ciego idealista?. Uno puede juzgar que, por el rumbo que toma el libreto
- la caída de Nemo y el Nautilus, que difiere del libro ya que el
mismo personaje regresaría en la obra de Verne La Isla Misteriosa
con una actitud más humanitaria - Nemo es un villano y paga las acciones
que ha cometido con su muerte. Pero Nemo es un personaje demasiado gris para caer
en semejantes juicios.
Lo que subliminalmente el filme procura demostrar es otro de los tópicos
habituales de la ciencia ficción de los 50, y es que la ciencia es una
caja de Pandora. Esto lo hemos explicado previamente; como resultado de la invención
de la bomba atómica en 1945, el concepto popular acerca de los científicos
era que resultaban ser monos con navajas, dispuestos a comprobar ciegamente
todas sus teorías aunque pudieran poner en riesgo a la humanidad. Y para
ello siempre contaban con el infinito financiamiento de fuerzas militares. En
ese sentido 20.000 Leguas de Viaje Submarino se suma a dicha movida; con
las palabras finales de Aronnax, existe una suerte de redención para Nemo
- destruyó la tecnología atómica futurista que había
creado a costa de su vida -, y también un nuevo mensaje de advertencia
: ¡Cuidado con los científicos! ¡Lo que desarrollan puede
destruirnos a todos! ¡No corresponde a ésta época la tecnología
nuclear, simplemente porque no estamos capacitados para manejarla!.
Es un filme bellamente orquestado; en escenarios y efectos especiales el despliegue
es impresionante e impecable. La figura del Nautilus es sencillamente hermosa,
y es una de las más inconfundibles creaciones que ha dado el cine (otras
podrían ser el Enterprise o la Estrella de la Muerte). Es
una historia contada con mano diestra por Richard Fleischer, que excede en mucho
a sus simples aspiraciones de filme familiar. Las actuaciones están bien;
y los puntos flojos del guión están compensados con su visión
adulta del tema tratado, y en especial, por una sucesión interminable de
escenas excelentes : desde el entierro en el mar, pasando a los ataques del Nautilus,
hasta el excepcional ataque del calamar gigante, y el gran clímax en la
isla secreta de Nemo. Por supuesto hay detalles (como la orden final de Nemo,
en donde la tripulación aguarda lentamente a la muerte en sus camarotes)
que no tienen demasiada lógica (salvo simplificar el escape del trío
central), pero la cantidad de virtudes del film terminan por opacarlas. Sin dudas
es un clásico imprescindible. |
|