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USA, 1953 : Paul Christian (Tom Nesbitt),
Paula Raymond (Lee Hunter), Cecil Kellaway (Dr Thurgood Elson), Kenneth Tobey
(Coronel Jack Evans), Lee Van Cleef (soldado Stone) Director - Eugene
Lourie, Guión - Fred Frieberger & Lou Morheim, basados en el cuento
La Sirena de la Niebla de Ray Bradbury, Musica - David Buttolph |
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La decada de los 50 es la de las grandes criaturas
atómicas bobas. Todo tipo de animal habido y por haber sufriría
cinematográficamente los efectos de la radiación y crecería
a niveles gigantescos, lista para destrozar maquetas. Tarantulas, dinosaurios
mutantes, mantis gigantes, enormes pajarracos de aspecto ridículo, y un
largo etcétera.
Las causas no son accidentales. En 1952 se había reestrenado el clásico
King Kong, y había demostrado ser un
suceso de taquilla. Es entonces cuando aparece The Beast
of 20.000 Fathoms al año siguiente, la que sería la piedra
basal del género que tendría furor durante el resto de la década.
The Beast of 20.000 Fathoms toma en realidad
el molde de King Kong - criatura colosal que
llega a la civilización, desata su furia y es eliminada -, añadiéndole
el toque nuclear que el tema precisaba. Acá la bomba no muta al animal,
simplemente lo despierta de su estado de hibernación, y la naturaleza hace
el resto. También establece algunas premisas que seguiría el género
durante la decada : quien descubre el monstruo es quien lo mata y lleva adelante
toda la investigación, el 75% del film es toda la pesquisa y búsqueda
de pruebas para convencer a las escépticas autoridades, y los científicos
siempre parecen modelos de las revistas de modas.
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No es una película mal escrita. En general los diálogos son más
que aceptables, pero la sensación que termina por dar es que la perfomance
del guionista es mejor que la del director Eugene Lourie. Algunas escenas rayan
en lo deliciosamente ridículo: por ejemplo, si usted es marinero, siempre
tendrá su gorrita puesta hasta para ir al baño; o la inexplicable
idiotez de la premisa inicial (¿cómo los científicos van
a hacer explotar bombas atómicas en el artico?¿quieren que nos ahoguemos
todos?), sin contar el encuentro de Nesbitt con el sicólogo en el hospital,
o la absoluta inexpresividad de Paula Raymond como la paleontóloga Playmate
de turno. Pero el film es bastante ágil, y especialmente el delicioso personaje
del Dr. Elson (interpretado por Cecil Kellaway, que tenía el papel inolvidable
del cura que asesoraba a Spencer Tracy en el clásico ¿Adivina
quien viene hoy a cenar?), que roba todas sus escenas.
Es también uno de los primeros trabajos en solitario de Ray Harryhausen,
el dios del stop motion. En lo personal nunca me convenció demasiado
el stop motion, ni siquiera considerando que eran los FX mejores y posibles
de su época. En comparación, Godzilla
(1954) que usa a un hombre en traje de goma es mucho más creíble,
si bien no está filmada del modo más prolijo. El problema del stop
motion es que los directores suelen realizar primeros planos que terminan
por exhibir todos los defectos de la técnica. Aquí pasa lo mismo,
si bien en el clímax - con el Rhedosaurio atrapado en la montaña
rusa, y con planos generales de humanos delante - se ve muchísimo mejor
y más realista.
Es un film ok. La devastación de la criatura en Nueva York está
bien, pero no es de lo mejor del género. Donde la película consigue
sus mejores momentos es cerca del final, con la cacería nocturna del Rhedosaurio
en las calles de Nueva York, algo que debe haber inspirado (por no decir copiado)
a Roland Emmerich en su bizarra Godzilla de 1998.
Hay muy buen suspenso en la secuencia donde los soldados comienzan a seguir el
rastro de sangre de la bestia, y comienzan a caer fulminados por los gérmenes
que contiene.
Sorprendentemente no es un film de propaganda atómica. A lo largo de
la década el género tomaria posturas en pro y en contra de la bomba,
desde que es una maldición para la humanidad que ha generado mutaciónes
hasta que es el método para destruir a la amenaza. Eventualmente Paul Christian
habla del poder del átomo, pero al menos no nos inunda con la sanata propia
de la sci fi de los 50. |
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