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USA, 1957 : William
Hopper (Coronel Bob Calder), Joan Taylor (Marisa Leonardo), Thomas Browne Henry
(General McIntosh), Frank Puglia (Dr Leonardo), Bart Bradley (Pepe), Jan Arvan
(Contino), George Khoury (Verrico), Don Orlando (Mondello), John Zaremba (Dr Uhl),
Tito Vuolo (Comisario) Director - Nathan Juran, Guión - Christopher
Knopf & Bob Williams, Musica - Mischa Bakaleinikoff |
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Esta es otra joyita de la producción fantástica generada por Ray
Harryhausen y su equipo de efectos especiales. Como suele pasar con otros artistas
de renombre, el rol de Harryhausen es el de proveer simplemente los FX de stop
motion del monstruo del título, pero termina por asumir un protagonismo
tal que se transforma en la estrella de la película - algo similar ocurre
con George Pal -. Con otro artista encargado de los efectos especiales, el film
hubiera pasado desapercibido; con Harryhausen, se transforma en un film de culto.
No es difícil saber el por qué. Harryhausen era el equivalente
de los años 50 de George Lucas. El hombre había pulido las técnicas
de animación cuadro por cuadro que le hubiera legado su mentor Wills O´Brien
(el mismo que diera vida a King Kong) y las
había llevado a un nivel de perfeccionamiento inimitable. Ciertamente el
stop motion es una técnica limitada, pero Harryhausen incorporaba
sutilezas en sus criaturas de modo tal que no se trataban de simples muñecos
sino de seres con personalidad. Aquí la criatura del título (apodada
Ymir, aunque el nombre nunca se mencione a lo largo de la película)
demuestra compasión, odio, se protege los ojos de la luz que lo enceguece,
muestra miedo y furia. En especial por la expresión realista de su mirada.
Lo que rompe un poco la magia es que los movimientos resultan esquemáticos,
y eso se nota especialmente en los primeros planos. Pero en cambio, en los planos
panorámicos - como una de las secuencias finales con el Ymir encaramado
en lo alto del coliseo romano -, resulta impresionante. Esas mismas virtudes se
pueden apreciar en el climax de otra obra de Harryhausen, The
Beast of 20.000 Fathoms.
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Mientras que el Ymir es la estrella del film, el resto de la trama cae dentro
de la rutina propia del cine de monstruos de los 50. No hay nada demasiado novedoso
en la historia, con la excepción de darle un origen alienígena a
la criatura y trasladar el escenario a Italia. Resulta particularmente engorroso
el perfil con el que se trazan a los locales, que terminan por ser burdas caricaturas:
los italianos del film hablan inglés a la perfección, se deshacen
en comparaciones y alagos banales (parece una mala versión de El Padrino),
y terminan por ser pintados como auténticos ignorantes. El personaje de
Pepe, el chico que acompaña a los pescadores y que descubre el frasco donde
está el huevo del Ymir, está trazado del modo más aberrante
y superficial posible. Cuando los americanos hacen su entrada en el film, pareciera
que estuvieran tratando con indígenas; los italianos son brutos, los yanquis
son los dueños de la verdad.
Tanto el perfil de los personajes como la evolución dramática
dejan mucho que desear. Si bien los americanos tienen casi todas las respuestas,
tampoco ganan en tridimensionalidad sino que tienen un estoicismo propio de los
peores filmes del género. William Hopper - un veterano del rubro, que ya
había aparecido en The Deadly Mantis del
mismo Juran - carece de carisma y es incapaz de mover una ceja; el romance con
la Dra Leonardo (la única italiana inteligente del film) está escrito
como el demonio; e incluso toda la actitud general parece incorrecta. Al momento
de aparecer Ymir, los problemas del guión quedan más que evidentes:
en vez de que la audiencia puje por los humanos, termina haciéndolo por
la criatura. Si uno revisa todos los incidentes del film, no hay ninguno que demuestre
al Ymir como un monstruo maligno y sangriento, sino como una criatura asustada
fuera de su habitat. Se defiende del ataque de un perro, del acoso de los humanos,
de un elefante que lo embiste - una de las mejores secuencias de la película
-; y, para peor, es torturado de las más diversas formas, sea con lanzallamas
o bazookas. Uno termina por sentir pena por la criatura de Venus antes de considerarlo
como un villano letal.
El libreto es terrible; y el film sólo se salva por la magia de Harryhausen,
que hace que las apariciones de la criatura sean espectaculares. Nathan Juran
dirige con agilidad a la película, pero no puede lidiar con un guión
plagado de abominaciones; la conclusión es que la película es más
que entretenida, siempre que tenga el reparo de mirar para un costado cuando los
actores abren la boca. |
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