USA, 1957 : William Hopper
(Coronel Bob Calder), Joan Taylor (Marisa Leonardo), Thomas
Browne Henry (General McIntosh), Frank Puglia (Dr Leonardo),
Bart Bradley (Pepe), Jan Arvan (Contino), George Khoury
(Verrico), Don Orlando (Mondello), John Zaremba (Dr Uhl),
Tito Vuolo (Comisario)
Director - Nathan
Juran, Guión - Christopher Knopf & Bob Williams,
Musica - Mischa Bakaleinikoff
TRAMA : Una misión enviada a Venus se
estrella en su regreso a la Tierra en aguas del Mar
Mediterráneo cerca de Sicilia. Solo el coronel
Bob Calder logra sobrevivir. La nave se hunde y sus
restos llegan flotando a la orilla. Un contenedor es
encontrado por un niño, quien termina por venderlo
a un biólogo de la zona. El biólogo descubre
que se trata de una criatura de apariencia reptílica,
que crece muy rápidamente. En el transcurso de
dos días la criatura adquiere el tamaño
de un hombre y logra escapar. Calder, junto con militares
norteamericanos y fuerzas policias italianas, se abocan
tras el rastro del monstruo. Pero tras varios intentos
de capturarlo con vida, la criatura se ha guarnecido
en el coliseo de Roma, donde se libra una verdadera
batalla campal para abatir al monstruo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia.
.
trailer
de 20 Million Miles to Earth
Esta es otra joyita de la producción fantástica
generada por Ray Harryhausen y su equipo de efectos especiales.
Como suele pasar con otros artistas de renombre, el rol
de Harryhausen es el de proveer simplemente los FX de
stop motion del monstruo del título, pero termina
por asumir un protagonismo tal que se transforma en la
estrella de la película - algo similar ocurre con
George Pal -. Con otro artista encargado de los efectos
especiales, el film hubiera pasado desapercibido; con
Harryhausen, se transforma en un film de culto.
No es difícil saber el por qué. Harryhausen
era el equivalente de los años 50 de George Lucas.
El hombre había pulido las técnicas de
animación cuadro por cuadro que le hubiera legado
su mentor Wills O´Brien (el mismo que diera vida
a King Kong) y las
había llevado a un nivel de perfeccionamiento
inimitable. Ciertamente el stop motion es una
técnica limitada, pero Harryhausen incorporaba
sutilezas en sus criaturas de modo tal que no se trataban
de simples muñecos sino de seres con personalidad.
Aquí la criatura del título (apodada Ymir,
aunque el nombre nunca se mencione a lo largo de la
película) demuestra compasión, odio, se
protege los ojos de la luz que lo enceguece, muestra
miedo y furia. En especial por la expresión realista
de su mirada. Lo que rompe un poco la magia es que los
movimientos resultan esquemáticos, y eso se nota
especialmente en los primeros planos. Pero en cambio,
en los planos panorámicos - como una de las secuencias
finales con el Ymir encaramado en lo alto del coliseo
romano -, resulta impresionante. Esas mismas virtudes
se pueden apreciar en el climax de otra obra de Harryhausen,
The Beast of 20.000 Fathoms.
Mientras que el Ymir es la estrella del film, el resto
de la trama cae dentro de la rutina propia del cine
de monstruos de los 50. No hay nada demasiado novedoso
en la historia, con la excepción de darle un
origen alienígena a la criatura y trasladar el
escenario a Italia. Resulta particularmente engorroso
el perfil con el que se trazan a los locales, que terminan
por ser burdas caricaturas: los italianos del film hablan
inglés a la perfección, se deshacen en
comparaciones y alagos banales (parece una mala versión
de El Padrino), y terminan por ser pintados como
auténticos ignorantes. El personaje de Pepe,
el chico que acompaña a los pescadores y que
descubre el frasco donde está el huevo del Ymir,
está trazado del modo más aberrante y
superficial posible. Cuando los americanos hacen su
entrada en el film, pareciera que estuvieran tratando
con indígenas; los italianos son brutos, los
yanquis son los dueños de la verdad.
Tanto el perfil de los personajes como la evolución
dramática dejan mucho que desear. Si bien los americanos
tienen casi todas las respuestas, tampoco ganan en tridimensionalidad
sino que tienen un estoicismo propio de los peores filmes
del género. William Hopper - un veterano del rubro,
que ya había aparecido en The
Deadly Mantis del mismo Juran - carece de carisma
y es incapaz de mover una ceja; el romance con la Dra
Leonardo (la única italiana inteligente del film)
está escrito como el demonio; e incluso toda la
actitud general parece incorrecta. Al momento de aparecer
Ymir, los problemas del guión quedan más
que evidentes: en vez de que la audiencia puje por los
humanos, termina haciéndolo por la criatura. Si
uno revisa todos los incidentes del film, no hay ninguno
que demuestre al Ymir como un monstruo maligno y sangriento,
sino como una criatura asustada fuera de su habitat. Se
defiende del ataque de un perro, del acoso de los humanos,
de un elefante que lo embiste - una de las mejores secuencias
de la película -; y, para peor, es torturado de
las más diversas formas, sea con lanzallamas o
bazookas. Uno termina por sentir pena por la criatura
de Venus antes de considerarlo como un villano letal.
El libreto es terrible; y el film sólo se salva
por la magia de Harryhausen, que hace que las apariciones
de la criatura sean espectaculares. Nathan Juran dirige
con agilidad a la película, pero no puede lidiar
con un guión plagado de abominaciones; la conclusión
es que la película es más que entretenida,
siempre que tenga el reparo de mirar para un costado
cuando los actores abren la boca.
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