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Este es otro engendro de
William Castle, el rey del canapé recalentado.
Un tipo con poco talento artístico pero un
genio de primera en cuanto al marketing de guerrilla,
que lograba recaudar fortunas con bofes como éste.
Ciertamente no toda la obra de Castle es abominable
- el hombre fue agarrando oficio con el paso
de los años y varios de sus filmes son más
que potables -, pero 13 Fantasmas es
inexplicablemente popular, más allá
que todos coinciden en que se trata de una bazofia.
Quizás esto ocurra porque en 1960 las ingenuas
audiencias de todo el mundo caían rendidas
a los pies de Castle gracias a sus trucos publicitarios
- en este caso, unos lentes especiales que se
ponían durante las apariciones de los fantasmas
y los resaltaban sin ser necesariamente 3D -
y por ello la gente conserva un recuerdo entrañable
y amable del film, pero hoy en día - con
el público cinico y desangelado que prospera
en las salas de cine, entre los cuales me incluyo
- el análisis forense dictamina que se trata
de un bodrio insalvable.
El filme está plagado de problemas de
todo tipo, comenzando por el espantoso casting.
Ninguno de ellos sabe actuar, la mitad hacen de
idiotas y la otra mitad hacen de locos. Está
Martin Milner, siglos antes de las series de TV
Ruta 66 y Adam 12; está el
horrendo actor infantil Charles Herbert
(el mismo de Coloso
de Nueva York y La
Mosca); y hay un naboletti que hace
su mejor imitación de Fred McMurray - ingenuo,
bobo e incompetente -. A la historia le importa
un pito la coherencia - el anterior dueño
recolectó fantasmas de todo el mundo (???)
y los soltó en su mansión; los fantasmas
se pueden ver sólo con unos visores especiales;
hay un dinero perdido que el ambicioso de turno
desea zamparse de manera clandestina; y hay objetos
que se mueven solos, tirados por una piolita en
el aire -, y la película amenaza (aunque
sólo se queda en la intención) redimirse
con las apariciones de los fantasmas, que son
demasiado insulsas y escasas. ¿Para
qué vender humo con 12 fantasmas, si sólo
aparecen 3 o 4?. ¿Por qué
ensalzarse con diálogos terribles cuando
lo que se precisaban eran más sustos?.
Para colmo los shocks de Castle son de chico de
cuarto grado: gente fea que le toca el hombro
al protagonista en el momento menos pensado, puertas
que se abren solas, fantasmas pésimamente
hechos que intentan atacar a humanos - aún
cuando las imágenes superpuestas no coincidan,
y cada zarpazo de la abominación pase a
100 kilómetros de distancia de la cabeza
de la víctima humana -, etc, etc.
Sin dudas 13 Fantasmas debe ser una joya
para los fans de William Castle pero, para el
resto, es un ejemplo de mal cine. El argumento
tenía su potencial, pero la ejecución
incompetente arruina todas sus posibilidades.
Ni aún en una tarde de sábado -
con lluvia y varias cervezas encima - logra
zafar como corresponde.
Años más tarde la productora de
Robert Zemeckis haría una remake,
algo más potable pero con su propio caudal
de errores.
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