Arlequin: Critica: El Abismo Negro (1979)

Critica de El Abismo Negro (1979): una nave gigante, un abismo espacial y un cientifico loco en este filme de culto de la Disney

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1979 : Maximilian Schell (Dr Hans Reinhart), Robert Forster (Capitán Dan Holland), Yvette Mimieux (Dra Kate McRae), Anthony Perkins (Dr Alex Durant), Ernest Borgnine (Harry Booth), Joseph Bottoms (Charles Pizer)

Director – Gary Nelson, Guión – Gerry Day & Jeb Rosebrook

Trama: La nave exploradora Palomino ha sufrido serios daños al acercarse a las cercanías de un abismo negro – un hueco en el espacio provocado por la implosión de una estrella, el cual posee un núcleo de gravedad tan potente y comprimida que es capaz de absorber la luz así como todos los objetos cercanos a él -. Escapando a duras penas de su campo gravitacional, el Palomino se topa con la Cygnus, una gigantesca nave espacial que se creía perdida desde hace décadas. Aterrizando en la Cygnus para efectuar reparaciones, el capitan Dan Holland y su tripulación descubren que la nave se encuentra al mando del científico Hans Reinhart, el cual comanda un ejército de robots – los cuales operan la Cygnus en todo detalle -. Así es como Reinhart les describe su estudio de mas de dos décadas sobre las características del abismo negro, habiendo reformado la Cygnus para que sea capaz de viajar a través de su interior. Considerando que el científico se ha desquiciado y que el viaje solo representará una muerte segura, Holland y los suyos atinan a escapar de la Cygnus, no sin antes descubrir que la totalidad de los androides que operan de la nave no son mas que la antigua tripulación humana, sometida y robotizada por el despiadado Reinhart. Con el tiempo en su contra Holland y los suyos deberán lidiar contra hordas de robots que desean impedir su partida, mientras la Cygnus ha comenzado la cuenta regresiva que le llevará al interior del abismo espacial… un lugar tan peligroso como insondable, y a donde jamás ha llegado el ser humano.

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      El Abismo Negro Entre finales de los años 70 y principios de los 80 la Disney se había puesto experimental, y deseaba poder acceder al público adulto, el cual era mucho mas amplio y lucrativo. Para ello había encarado la producción de un puñado de filmes que escapan a su perfil habitual, los cuales tuvieron buena respuesta de crítica y taquilla, y los incentivaron para seguir por dicho camino. Sin embargo pronto se dieron cuenta de que tenían un problema, y era que no podían mercadear productos adultos con el logo del ratón – lo cual contradecía las expectativas generadas por dichos títulos -. Con el tiempo resolverían el detalle, creando ramas como Buena Vista, Touchstone y Miramax, estudios que canalizarían de manera camuflada los dineros de la Disney en la producción de filmes mas serios y menos infantiles. Pero hasta el surgimiento de dichas distribuidoras, la gente del ratón iba probando suerte con su propia estampa en títulos como Something Wicked Ths Way Comes, Tron y, como cabecera de playa, el filme que ahora nos ocupa. Quiten los dos robots idiotas que figuran en el elenco, y verán como El Abismo Negro es una aventura espacial seria y adulta.

Aún cuando en su momento la crítica la trató de manera tibia, El Abismo Negro es ciencia ficción hecha y derecha. Por Dios, es maldita ciencia ficción de la buena. En sí no deja de ser 20.000 Leguas de Viaje Submarino en el espacio, con otro capitán renegado dotado de su propia visión del mundo (y, en este caso, del universo), y una tripulación compuesta por testigos que contemplan la locura (o genialidad) del tipo de marras. Tal como en 20.000 Leguas… tenemos una cena con el capitán – provista con las delicias cultivadas a bordo de la nave -, un duelo de ingenios, y una teoría tan descabellada como posible: la intención de atravesar un abismo espacial, el cual se compone de gravedad pura y es capaz de destrozar cualquier cosa que atraiga a su interior. Lo que pone a Maximilian Schell en el papel de villano es el hecho que ha sometido a toda la antigua tripulación de su nave, convirtiéndola en robots humanos que acatan sin miramientos sus órdenes. Ver el momento en que le quitan la máscara a uno de ellos y se ve un rostro humanoide demacrado y carente de alma es ciertamente impactante. Entre eso y un par de muertes excesivamente violentas El Abismo Negro denota un perfil mucho mas adulto que lo normal de los filmes de Disney… lo cual se lleva a las patadas con los robots de diseño ñoño y voz ridícula que hacen las veces de comic reliefs de la cinta. ¿En qué diablos estaban pensando la gente que los diseñó?. ¿En serio pensaban que podían camuflar todo esto como una aventura infantil?. ¿Tan fuerte era su deseo de vender merchandising y muñequitos que tuvieron que poner un par de androides dotados del diseño mas idiota del universo?.

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La macana con todo esto es que los robots ñoños juegan un papel preponderante en la trama – disparan un par de acciones principales e intervienen como salvadores cuando las papas queman -, pero el efecto chocante de su aspecto podría haberse resuelto con un diseño algo mas feliz e inspirado. Imagino que la gente de la Disney los habrá pensado en una especie de versión sanitizada de C3PO y R2D2a final de cuentas, ellos también eran comics reliefs en las aventuras de George Lucas, pero eran muchísimo mas digeribles que VINCENT y el viejo BOB -. Si uno se olvida de ellos, verá que El Abismo Negro es una aventura notable y, sobre todo, inquietante. En manos de otro director todos los subtextos – desde la conversión robótica y sometimiento de la tripulación humana de la Cygnus hasta la presencia del espeluznante abismo espacial, un monstruo capaz de devorar la luz de los objetos que le rodean y generador de presiones descomunales capaces de aplastar todo a su paso, amén de erigirse como el supuesto portal a una dimensión completamente desconocida – podrían haber resultado en un filme de gran altura y pleno de pretensiones metafísicas. Véanlo sino como la versión Disney de una epopeya espacial a la altura de 2001, Odisea del Espacio y Solaris; la macana es que aquí las cosas se quedan en el parloteo filosófico y los duelos de pistolas láser, siendo el único momento trascendental el instante en que todos estos tipos atraviesan el abismo – con imagenes sorprendentes que dan a entender que han cruzado el infierno y el mismísimo paraíso -. Ok, es una interpretación arbitraria y hasta tonta, pero resulta inesperada y, como mínimo, impactante.

El Abismo Negro es una gran película injustamente olvidada. Los efectos especiales son formidables aún 40 años después – la Cygnus es una cosa tan monumental como monstruosa, la cual me hace acordar a las gigantescas máquinas Krell de Planeta Prohibido, o los decorados de las elefantiásicas producciones de ciencia ficción de la Unión Soviética de los años 50 y 60; el espacio es un mar inundado de estrellas, y el abismo espacial es un maelstrom de aspecto estremecedor -, la dirección es correcta y los diálogos son muy buenos. Es una lástima que el filme no logra desplegar todo el potencial en cuanto a los temas metafísicos que subyacen en la trama, quedándose con la aventura espacial pura y pasatista; pero en los momentos en que El Abismo Negro amenaza salirse de la vaina, abre la puerta de una galería de temas inquietantes y novedosos… los cuales serán desarrollados como corresponde cuando llegue el turno de la remake, la cual ya está en las gateras de los estudios de Hollywood y la cual espero ansiosamente.

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