AQN – Critica: 20 Million Miles to Earth (1957)

20 Million Miles to Earth (1957): Una expedición a Venus falla en aterrizar en la Tierra, y una criatura del espacio se libera desatando el horror en Italia. Critica del film

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    Critica: Critica: 20 MILLION MILES TO EARTH

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una crítica del film, por Alejandro Franco

USA, 1957 : William Hopper (Coronel Bob Calder), Joan Taylor (Marisa Leonardo), Thomas Browne Henry (General McIntosh), Frank Puglia (Dr Leonardo), Bart Bradley (Pepe), Jan Arvan (Contino), George Khoury (Verrico), Don Orlando (Mondello), John Zaremba (Dr Uhl), Tito Vuolo (Comisario)

Director – Nathan Juran, Guión – Christopher Knopf & Bob Williams, Musica – Mischa Bakaleinikoff

Trama: Una misión enviada a Venus se estrella en su regreso a la Tierra en aguas del Mar Mediterráneo cerca de Sicilia. Solo el coronel Bob Calder logra sobrevivir. La nave se hunde y sus restos llegan flotando a la orilla. Un contenedor es encontrado por un niño, quien termina por venderlo a un biólogo de la zona. El biólogo descubre que se trata de una criatura de apariencia reptílica, que crece muy rápidamente. En el transcurso de dos días la criatura adquiere el tamaño de un hombre y logra escapar. Calder, junto con militares norteamericanos y fuerzas policias italianas, se abocan tras el rastro del monstruo. Pero tras varios intentos de capturarlo con vida, la criatura se ha guarnecido en el coliseo de Roma, donde se libra una verdadera batalla campal para abatir al monstruo.

    trailer de 20 Million Miles to Earth  

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  20 Million Miles to Earth Esta es otra joyita de la producción fantástica generada por Ray Harryhausen y su equipo de efectos especiales. Como suele pasar con otros artistas de renombre, el rol de Harryhausen es el de proveer simplemente los FX de stop motion del monstruo del título, pero termina por asumir un protagonismo tal que se transforma en la estrella de la película – algo similar ocurre con George Pal -. Con otro artista encargado de los efectos especiales, el film hubiera pasado desapercibido; con Harryhausen, se transforma en un film de culto.

No es difícil saber el por qué. Harryhausen era el equivalente de los años 50 de George Lucas. El hombre había pulido las técnicas de animación cuadro por cuadro que le hubiera legado su mentor Wills O´Brien (el mismo que diera vida a King Kong) y las había llevado a un nivel de perfeccionamiento inimitable. Ciertamente el stop motion es una técnica limitada, pero Harryhausen incorporaba sutilezas en sus criaturas de modo tal que no se trataban de simples muñecos sino de seres con personalidad. Aquí la criatura del título (apodada Ymir, aunque el nombre nunca se mencione a lo largo de la película) demuestra compasión, odio, se protege los ojos de la luz que lo enceguece, muestra miedo y furia. En especial por la expresión realista de su mirada. Lo que rompe un poco la magia es que los movimientos resultan esquemáticos, y eso se nota especialmente en los primeros planos. Pero en cambio, en los planos panorámicos – como una de las secuencias finales con el Ymir encaramado en lo alto del coliseo romano -, resulta impresionante. Esas mismas virtudes se pueden apreciar en el climax de otra obra de Harryhausen, The Beast of 20.000 Fathoms.

Mientras que el Ymir es la estrella del film, el resto de la trama cae dentro de la rutina propia del cine de monstruos de los 50. No hay nada demasiado novedoso en la historia, con la excepción de darle un origen alienígena a la criatura y trasladar el escenario a Italia. Resulta particularmente engorroso el perfil con el que se trazan a los locales, que terminan por ser burdas caricaturas: los italianos del film hablan inglés a la perfección, se deshacen en comparaciones y alagos banales (parece una mala versión de El Padrino), y terminan por ser pintados como auténticos ignorantes. El personaje de Pepe, el chico que acompaña a los pescadores y que descubre el frasco donde está el huevo del Ymir, está trazado del modo más aberrante y superficial posible. Cuando los americanos hacen su entrada en el film, pareciera que estuvieran tratando con indígenas; los italianos son brutos, los yanquis son los dueños de la verdad.

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Tanto el perfil de los personajes como la evolución dramática dejan mucho que desear. Si bien los americanos tienen casi todas las respuestas, tampoco ganan en tridimensionalidad sino que tienen un estoicismo propio de los peores filmes del género. William Hopper – un veterano del rubro, que ya había aparecido en The Deadly Mantis del mismo Juran – carece de carisma y es incapaz de mover una ceja; el romance con la Dra Leonardo (la única italiana inteligente del film) está escrito como el demonio; e incluso toda la actitud general parece incorrecta. Al momento de aparecer Ymir, los problemas del guión quedan más que evidentes: en vez de que la audiencia puje por los humanos, termina haciéndolo por la criatura. Si uno revisa todos los incidentes del film, no hay ninguno que demuestre al Ymir como un monstruo maligno y sangriento, sino como una criatura asustada fuera de su habitat. Se defiende del ataque de un perro, del acoso de los humanos, de un elefante que lo embiste – una de las mejores secuencias de la película -; y, para peor, es torturado de las más diversas formas, sea con lanzallamas o bazookas. Uno termina por sentir pena por la criatura de Venus antes de considerarlo como un villano letal.

El libreto es terrible; y el film sólo se salva por la magia de Harryhausen, que hace que las apariciones de la criatura sean espectaculares. Nathan Juran dirige con agilidad a la película, pero no puede lidiar con un guión plagado de abominaciones; la conclusión es que la película es más que entretenida, siempre que tenga el reparo de mirar para un costado cuando los actores abren la boca.

   

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